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Un año bisagra

El 2025 fue un año de récords, pero también de interrogantes. La expansión inédita de la conectividad convive con tensiones internas, desafíos estadísticos y un déficit estructural en la balanza turística. El reto para 2026 será transformar la infraestructura alcanzada, los debates pendientes y las posibles reformas en una estrategia integral que piense en el turismo como política de desarrollo.

El 2025 dejó en claro que el turismo argentino volvió a moverse y que el país es de nuevo un destino en la mira de viajeros de todo el mundo. Atrás quedó el modelo receptivo sostenido por intensos subsidios y brechas cambiarias artificiales. Más allá de las polémicas partidarias, la recuperación no fue solo una percepción. Se materializó en los aeropuertos, en los destinos, en las rutas y también en las agendas públicas y en discusiones que el sector venía postergando. El 2025 ha sido un año signado por avances estructurales, tensiones estadísticas y una dinámica internacional que reconfiguró el mapa de oportunidades y desafíos para la actividad.

La conectividad fue la gran protagonista. El país alcanzó cifras récord de vuelos, incorporó nuevas rutas y amplió la presencia de aerolíneas, especialmente en el ámbito internacional. Según IERAL-Fundación Mediterránea, los vuelos desde y hacia el exterior se ubicaron en noviembre un 31% por encima de los niveles de 2019, impulsados principalmente por un turismo emisivo en expansión. 

Este crecimiento también redefinió la lógica del sistema. Hay ahora más competencia, más opciones para los viajeros y una red menos dependiente de Buenos Aires. Ciudades que durante años habían operado de forma casi aislada comenzaron a integrarse en un esquema más amplio, favoreciendo al turismo receptivo, corporativo y de eventos. Sin embargo, la conectividad doméstica avanzó a un ritmo menor: los vuelos nacionales apenas superaron en 5 % los niveles prepandemia, lo que plantea un desafío para la distribución territorial del movimiento turístico en 2026. 

En paralelo al crecimiento de la oferta aérea, el país enfrentó un déficit turístico internacional comparable al de 2017. Entre enero y noviembre, 11,2 millones de argentinos viajaron al exterior, mientras que 4,8 millones de turistas extranjeros ingresaron al país, lo que dejó un saldo neto de 6,4 millones de viajeros.

El fenómeno se explica en gran medida por el “dólar barato”, que incentivó las salidas y redujo la competitividad relativa del destino Argentina. En el pico del verano, el turismo emisivo creció 80% interanual, y el receptivo cayó 25%. El cociente entre ambas corrientes fue de 2,3: por cada turista internacional que visitó el país, 2,3 argentinos viajaron afuera. En términos económicos, el gasto por turismo emisivo se ubicó entre US$ 12.000 y 13.000 millones, mientras que el turismo receptivo generó alrededor de US$ 4.500 millones. El déficit estimado anual es de entre US$ 7.000 y 8.500 millones, (pendiente de confirmación por los datos del cuarto trimestre).

La dinámica internacional tuvo efectos visibles en el movimiento doméstico. Las estadísticas del Indec muestran que las pernoctaciones en alojamientos cayeron un 3 % en 2025, con mayor incidencia en el turismo receptivo. Las tendencias de búsqueda en Google reforzaron este comportamiento: mientras que el interés por viajes al exterior se mantuvo alto durante todo el año, las búsquedas relacionadas con turismo interno mostraron una caída del 18 % en septiembre y octubre. A fines de noviembre y diciembre se observó una recuperación parcial, consistente con patrones estacionales.

Para la temporada alta en curso, varios destinos ya indican que se registran altísimos niveles de ocupación y que este verano será uno de los más auspiciosos de los últimos años. IERAL identifica varios factores que alimentan la performance de las plazas argentinas: el encarecimiento relativo de Brasil, la menor incertidumbre cambiaria tras las elecciones y el llamado “efecto Messi”, ya que parte del público emisivo podría destinar recursos a viajar a Estados Unidos por eventos deportivos. Aun así, el organismo anticipa que los flujos internacionales seguirán mostrando un resultado deficitario, aunque con un turismo emisivo menos intenso y un receptivo en lenta recuperación.

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