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La hotelería de Estados Unidos llega al Mundial con pocos motivos de festejo

Según un relevamiento de la American Hotel & Lodging Association retomado por Skift, cerca del 80 % de los hoteles consultados en ciudades sede estadounidenses registra reservas por debajo de las previsiones iniciales.

A poco más de un mes del inicio de la Copa Mundial de la FIFA 2026, la industria hotelera de Estados Unidos enfrenta un escenario menos favorable que el proyectado. De acuerdo con un informe de la American Hotel & Lodging Association (AHLA), retomado por Skift, cerca del 80 % de los hoteles encuestados en las ciudades sede estadounidenses indicó que el ritmo de reservas se ubica por debajo de las previsiones iniciales. El dato contrasta con las expectativas que el sector había construido en torno al torneo. Según publicó Skift, a 37 días del primer partido, los hoteleros de las 11 ciudades sede en Estados Unidos advertían que el aumento del gasto esperado todavía no se había materializado. La publicación también señaló que, a comienzos de 2025, CoStar y Tourism Economics habían proyectado una mejora de la tarifa diaria promedio y de la ocupación hotelera durante los meses del Mundial.

El informe de AHLA identifica varios factores detrás de la demanda más débil: cancelaciones o liberaciones de bloques de habitaciones vinculados a FIFA, barreras para los viajes internacionales, mayores costos y preocupaciones geopolíticas. Entre el 65 % y el 70 % de los encuestados mencionó las trabas de visado y el contexto internacional como elementos que afectan la llegada de visitantes extranjeros.

Skift también puso el foco en otros dos elementos que presionan sobre el mercado hotelero: los altos precios de las entradas de FIFA y la competencia de los alquileres temporarios, que estarían captando parte de la demanda de los viajeros. En su análisis, el medio especializado sostuvo que la baja de reservas no responde únicamente al contexto externo, sino también a las estrategias tarifarias de algunos hoteles.

El impacto, sin embargo, no es uniforme. Kansas City aparece como una de las ciudades más afectadas: según AHLA, entre el 85 % y el 90 % de los hoteleros consultados allí reportó reservas por debajo de lo esperado, incluso por detrás de una temporada típica de junio o julio sin grandes eventos. Los Ángeles, Nueva York, Dallas y Houston también muestran niveles inferiores a las previsiones, aunque en varios casos se mantienen cerca de un verano habitual. En Boston, Filadelfia, San Francisco y Seattle, casi el 80 % de los encuestados afirmó que las reservas se ubican por debajo de las expectativas y de un verano promedio. En esos mercados, algunos operadores describieron al torneo como un evento con escaso efecto incremental para la hotelería, en parte por la liberación de habitaciones y por una menor llegada de hinchas internacionales. El panorama es más favorable en Miami y Atlanta. En Miami, alrededor del 55 % de los encuestados informó reservas por encima de las expectativas y de los niveles habituales del verano. En Atlanta, cerca de la mitad de los hoteleros consultados reportó un desempeño en línea o superior al previsto, impulsado por factores como la conectividad aérea, la demanda diversificada y la presencia de bases de equipos.

La política migratoria y de seguridad aparece como una variable sensible para el sector. AHLA advirtió que, para aprovechar el potencial del Mundial, Estados Unidos y FIFA deberán garantizar una experiencia “acogedora y fluida” para los viajeros internacionales, y evitar incrementos innecesarios en costos vinculados a visas, transporte o cargas locales de último momento.

Pese a la cautela, el informe no descarta una recuperación de último momento. La entidad sostiene que todavía existe margen para captar demanda adicional, aunque muchos hoteles ya comenzaron a recalibrar estrategias, pausar inversiones específicas para el torneo o revisar acciones comerciales previstas para el evento.

Para la hotelería estadounidense, el Mundial 2026 sigue siendo una oportunidad de alto impacto, pero el escenario luce más matizado que en las primeras proyecciones. La expectativa de un boom generalizado dio paso a una lectura más prudente: algunos mercados podrían beneficiarse de manera significativa, mientras otros corren el riesgo de vivir el torneo como un acontecimiento de bajo rendimiento económico para el sector.

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