Mundial 2026: el impacto económico sobre los anfitriones
La primera Copa del Mundo con 48 selecciones movilizó millones de espectadores y generó ingresos récord, pero el balance para Estados Unidos, México y Canadá fue dispar.
El Mundial 2026 cerró con estadios llenos, una convocatoria sin precedentes y una amplia exposición internacional para Estados Unidos, México y Canadá. Sin embargo, el balance económico resultó menos uniforme que el deportivo. Mientras algunas ciudades y sectores captaron un fuerte movimiento de visitantes y consumo, los beneficios generales quedaron por debajo de varias proyecciones iniciales.
La competencia fue la primera con 48 selecciones, 104 partidos y 16 ciudades anfitrionas. Ese formato ampliado multiplicó la venta de entradas, los desplazamientos internos y la actividad comercial, pero también elevó los costos de seguridad, transporte y operación. Para los analistas, el torneo funcionó como un estímulo intenso pero temporal, con resultados muy diferentes según el país, la ciudad y el tipo de actividad.
Estados Unidos concentró la mayor parte del impacto
Estados Unidos, sede de 11 de las 16 ciudades anfitrionas y de la mayor parte de los partidos, recibió el mayor beneficio económico. Bank of America estimó un impacto cercano a los US$ 20.000 millones, asociado principalmente al turismo, el consumo, la hotelería, la gastronomía y el entretenimiento. La cifra, sin embargo, quedó por debajo de las proyecciones previas que anticipaban más de US$ 30.000 millones para la economía estadounidense. Además, el crecimiento de los arribos aéreos internacionales durante junio fue de apenas 0,2 % interanual, un dato que sugiere que parte de la demanda mundialista pudo haber sustituido viajes tradicionales o corporativos, en lugar de sumarse completamente a ellos.
El comportamiento también fue desigual entre ciudades. Algunas sedes, como Atlanta, registraron mejoras en ingresos hoteleros, uso del transporte público y participación en fan zones. Otras vieron beneficios concentrados en sectores o zonas determinadas, mientras pequeños comercios denunciaron que la mayor circulación no siempre se tradujo en ventas.
Kansas City apareció entre las plazas con mayor crecimiento relativo del gasto de visitantes, de acuerdo con Bank of America. Aun así, el efecto nacional debe leerse dentro de la escala de la economía estadounidense: fue significativo para determinadas ciudades y empresas, pero limitado como factor capaz de modificar la trayectoria general del PIB.
México: celebración masiva, pero menor derrama que la esperada
México recibió 13 partidos distribuidos entre Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey, incluida la inauguración. Aunque el torneo generó actividad en hoteles, restaurantes, aerolíneas, comercios y entretenimiento, no logró impulsar de manera sustancial una economía afectada por la debilidad de la inversión y la incertidumbre comercial.
Banamex estimó una derrama próxima a los US$ 2.000 millones, equivalente a alrededor del 0,1 % del PIB, mientras Deloitte ubicó el impacto en torno a US$ 2.543 millones. Banorte redujo hacia el final del torneo su previsión de aporte al producto y la situó entre 0,4 % y 0,5 %. El Mundial habría contribuido además a la creación de más de 100.000 empleos temporales, una cifra por debajo de las proyecciones iniciales. El efecto fue localizado: algunas áreas próximas a los estadios y espacios de entretenimiento registraron mayor actividad, pero cinco de cada diez restaurantes reportaron un desempeño inferior al de una semana habitual durante las primeras etapas del torneo.
Los datos de consumo reforzaron ese balance heterogéneo. Mientras el entretenimiento creció, el gasto en hoteles y restaurantes retrocedió durante junio. También fue dispar el comportamiento aéreo, con leves avances en Guadalajara y Monterrey, pero una caída en el principal aeropuerto de Ciudad de México.
Para los economistas, el campeonato ofreció una inyección puntual, pero no alteró los problemas estructurales de México. La evolución de la inversión y la revisión del acuerdo comercial con Estados Unidos y Canadá continúan siendo factores mucho más determinantes para el crecimiento.
Canadá: visibilidad global frente a un costo público elevado
Canadá recibió otros 13 encuentros, seis en Toronto y siete en Vancouver. El torneo fortaleció la exposición internacional de ambas ciudades y generó movimiento turístico, consumo y actividad en los espacios públicos, aunque todavía será necesario comparar esos beneficios con una inversión estatal considerable.
La Oficina del Director Parlamentario de Presupuesto estimó que el costo público de la organización superaría los 1.066 millones de dólares canadienses. De ese total, el Gobierno federal aportaría C$ 473 millones y los gobiernos provinciales y municipales, otros C$ 593 millones. El cálculo equivale a unos C$ 82 millones por partido e incluye hasta C$ 145 millones destinados a seguridad.
Toronto manejaba un presupuesto de C$ 380 millones y había proyectado para su área metropolitana hasta C$ 940 millones de actividad económica, C$ 520 millones de contribución al PIB regional y más de 6.600 empleos creados o sostenidos. Los primeros datos mostraron una composición diversa del consumo turístico: el 37 % del gasto de visitantes no residentes provino de mercados internacionales distintos de Estados Unidos, mientras que el turismo interno canadiense también tuvo un peso importante.
En Vancouver, el efecto sobre los pequeños negocios fue dispar. Los comercios próximos al estadio y dedicados a recuerdos o productos turísticos captaron la llegada de aficionados, pero otros establecimientos sufrieron restricciones de acceso, menor circulación habitual o limitaciones derivadas de las reglas comerciales y de marca de la FIFA.
La FIFA, principal ganadora comercial
Más allá de las diferencias entre los anfitriones, el principal resultado financiero quedó concentrado en la FIFA. Las estimaciones ubican los ingresos de la entidad en torno a los US$ 9.000 millones, mientras otros cálculos elevan a unos US$ 13.000 millones el total generado por patrocinios, derechos de transmisión y acuerdos comerciales durante el ciclo del torneo.
Las ciudades, en cambio, afrontaron buena parte de los gastos operativos. Según un análisis de Reuters Breakingviews, cada sede debió destinar entre US$ 100 millones y US$ 200 millones a organización, seguridad, transporte y adecuaciones. El uso mayoritario de estadios existentes evitó inversiones mucho más costosas, pero no eliminó la presión sobre los presupuestos públicos.
El Mundial dejó así un balance dual. En términos deportivos, de asistencia y exposición global, la edición fue histórica. En lo económico, generó una fuerte demanda de corto plazo, aunque concentrada por territorios y actividades. Estados Unidos captó la mayor derrama; México obtuvo un resultado menor al esperado; y Canadá deberá medir si la promoción turística y el legado urbano compensan el elevado costo público.
La principal enseñanza para los tres países es que recibir un megaevento no garantiza por sí solo crecimiento estructural. El beneficio de largo plazo dependerá de cómo cada destino convierta la visibilidad obtenida en nuevos flujos turísticos, inversiones, mejoras urbanas y oportunidades sostenidas después de que la competencia haya terminado.