Chau home office: el nuevo modelo de trabajo flexible
La flexibilidad comienza a superar al esquema híbrido que surgió luego de la pandemia. En empresas de servicios, turismo y agencias de viajes, la presencialidad se concentra cada vez más en reuniones, capacitación, creatividad y atención comercial. El nuevo esquema organizacional combina horarios variables, trabajo remoto y encuentros presenciales con objetivos concretos. La oficina mantiene su valor, pero deja de funcionar como una obligación uniforme para todos los equipos.
El mundo laboral comienza a dejar atrás la división entre trabajo presencial, remoto e híbrido para avanzar hacia un esquema de mayor flexibilidad, en el que la organización depende de las tareas, los objetivos y las necesidades de cada equipo. La oficina no desaparece, pero deja de ser el centro alrededor del cual se estructura toda la jornada. Según el estudio Tendencias Laborales 2026-2027, elaborado por WeWork a partir de una encuesta a cerca de 3.000 personas de México, la Argentina, Chile, Colombia y Perú, el 36,88 % de los consultados trabaja actualmente bajo un modelo completamente presencial, frente al 48 % registrado en la edición anterior. En tanto, el 38,43 % se desempeña bajo una modalidad híbrida. Los datos recopilados muestran que la preferencia se desplaza hacia fórmulas menos rígidas. El 45,41 % de las personas prefiere asistir a la oficina tres o más días por semana, mientras que el 54,59 % se inclina por concurrir solamente uno o dos días. A su vez, el 59,9 % elegiría un modelo híbrido y el 20,29 % optaría por esquemas remotos o con asistencia opcional.
La principal transformación consiste en que la presencialidad ya no se define únicamente por días completos. Las empresas comienzan a organizarla por franjas horarias, proyectos o actividades específicas. Un colaborador puede acudir a la oficina algunas horas para una reunión, una instancia de coordinación o un trabajo creativo y completar el resto de la jornada de manera remota.
La oficina necesita un propósito concreto
¿Para qué es necesario ir a la oficina? Cuando una persona se traslada para realizar las mismas videollamadas y tareas individuales que podría desarrollar desde su casa, la presencialidad pierde sentido. El tiempo de viaje, el costo del traslado, el tránsito y la alteración de la rutina personal forman parte de una evaluación más amplia sobre la utilidad de cada jornada presencial. Por eso, las oficinas tienden a concentrarse en actividades que requieren interacción directa, como reuniones, intercambio de ideas, planificación, capacitación, integración de equipos y encuentros con clientes.
Esta evolución obliga a las compañías a revisar sus espacios físicos. Los puestos individuales y las estructuras rígidas ceden lugar a salas de reunión, sectores colaborativos, áreas de descanso y ambientes que facilitan la conversación y la creatividad. Esta flexibilidad también plantea un desafío de gestión. No alcanza con permitir algunos días de trabajo remoto:. Las empresas necesitan definir qué tareas requieren presencialidad, cómo se coordinan los equipos, qué herramientas se utilizan y de qué manera se evalúa el desempeño.
El impacto en el turismo y agencias de viajes
El cambio resulta especialmente relevante para las empresas del sector turístico, uno de los rubros incluidos dentro de los servicios, que concentraron el 52 % de la muestra del estudio. En agencias de viajes, operadores y compañías de asistencia, gran parte del trabajo cotidiano puede realizarse mediante plataformas digitales, sistemas de reservas, mensajería y videollamadas.
Sin embargo, determinadas actividades conservan un valor presencial. Las capacitaciones sobre destinos, las negociaciones con proveedores, las reuniones comerciales, el diseño de productos, la preparación de campañas y la coordinación ante operaciones complejas suelen beneficiarse del encuentro directo.
En una agencia de viajes, por ejemplo, un esquema flexible puede permitir que los equipos de reservas o administración trabajen de manera remota durante parte de la semana, mientras las jornadas presenciales se destinan a reuniones con clientes, presentaciones de mayoristas, capacitaciones o análisis de ventas.
También puede ser útil para compañías con equipos distribuidos en distintas ciudades. En lugar de mantener una asistencia uniforme, las empresas pueden convocar encuentros periódicos para definir estrategias, capacitar al personal o fortalecer la integración interna.
La atención al público requiere un análisis particular. Algunas agencias mantienen locales físicos y reciben pasajeros sin turno, mientras otras migraron hacia modelos digitales o combinados. La flexibilidad laboral deberá adaptarse al perfil de cada empresa, al comportamiento de sus clientes y al tipo de servicio que ofrece.
Productividad, bienestar y retención del talento
El avance de estos modelos se vincula con una mayor valoración del equilibrio entre la vida personal y laboral. La posibilidad de organizar los horarios, reducir traslados y elegir el lugar más adecuado para cada tarea se convirtió en un factor relevante para atraer y retener talento.
Para las empresas de turismo, que suelen atravesar períodos de alta demanda, temporadas marcadas y horarios extendidos, la flexibilidad puede contribuir a distribuir mejor las cargas de trabajo. También puede facilitar la incorporación de profesionales que viven lejos de los principales centros urbanos o que necesitan compatibilizar sus responsabilidades personales. No obstante, el modelo requiere reglas claras. La disponibilidad permanente, la superposición entre trabajo y descanso y la falta de contacto entre compañeros pueden generar dificultades si no existen horarios definidos, espacios de coordinación y criterios compartidos.
La tendencia tampoco implica una desaparición de la oficina ni un regreso generalizado al trabajo remoto. El escenario que se consolida es más dinámico: cada equipo combina presencialidad y distancia de acuerdo con sus objetivos, sus tareas y el momento del negocio.
La inteligencia artificial suma otro desafío
El estudio también señala que el uso cotidiano de herramientas de inteligencia artificial crece entre los trabajadores de oficina, aunque la adopción formal por parte de las empresas avanza con mayor lentitud.
Esta brecha también alcanza al turismo. Agencias y operadores ya utilizan herramientas para redactar contenidos, organizar información, responder consultas, analizar datos o personalizar propuestas, pero muchas compañías todavía no cuentan con políticas internas, procesos de capacitación ni criterios claros sobre su uso.
La combinación entre trabajo flexible e inteligencia artificial puede modificar la organización de las tareas administrativas y comerciales. Las funciones repetitivas tenderán a automatizarse, mientras ganarán importancia la atención personalizada, el asesoramiento, la creatividad y la capacidad de resolver situaciones complejas.