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Un italiano engañó a turistas con falsas ruinas

Durante más de dos años, muchos visitantes pagaron entradas para conocer un supuesto teatro romano, cerca de Vicenza. Su propietario aseguraba que por allí habían pasado Julio César y Cleopatra.

En una colina boscosa de Arcugnano, a pocos kilómetros de Vicenza, en el norte de Italia, durante años funcionó este atractivo turístico que resultó ser fake. El supuesto anfiteatro de origen antiguo que recibía visitantes, organizaba conciertos y acumulaba elogios en plataformas de viajes había en realidad sido construido hace tan solo unos años por Franco Malosso. 

Según su relato, los restos habían aparecido después de un deslizamiento de tierra en 2005 y por aquel lugar habrían pasado nada menos que Julio César y Cleopatra. También afirmaba que muy cerca se encontraba la casa donde había crecido Julieta Capuleto, personaje ficticio de Shakespeare. La historia, por disparatada que hoy parezca, funcionó durante un buen tiempo. El falso sitio arqueológico abrió al público en 2014. Las entradas costaban alrededor de 12 euros para visitantes, mientras que a los residentes locales se les cobraban hasta 40 euros, una curiosa política que habría ayudado a mantener alejadas a personas familiarizadas con el territorio. También se ofrecían visitas privadas de 45 minutos por aproximadamente 600 euros. Los pagos se presentaban como una contribución destinada al mantenimiento del lugar.

En internet aparecieron comentarios entusiastas que lo describían como un sitio “encantador”, “único en el mundo” y uno de los lugares más bellos que algunos usuarios aseguraban haber visitado. La puesta en escena ayudaba. Había gradas de piedra artificialmente envejecidas, columnas, esculturas y un pequeño estanque situado justo donde debería haber estado el escenario.

Según la investigación judicial, Franco Malosso había obtenido originalmente una autorización para construir un garaje en el terreno. En cambio, contrató una empresa y levantó el complejo que luego presentaría como vestigio arqueológico. Quizá el aspecto más sorprendente del episodio sea que la historia no engañó únicamente a turistas. El “Anfiteatro Berico” llegó a aparecer en materiales de promoción turística vinculados con financiación europea, mientras el propietario organizaba espectáculos, conferencias y actividades culturales en el lugar.

La farsa terminó en octubre de 2016, cuando especialistas del patrimonio cultural y los Carabinieri realizaron una inspección. Malosso empezó entonces una larga querella con  la justicia italiana que concluyó recién ahora, cuando el Tribunal Supremo de Italia confirmó la condena firme del estafador. El proceso judicial se extendió a lo largo de una década y terminó con una pena de cárcel efectiva. La justicia rechazó los recursos de la defensa, que argumentaba que la falsificación era tan burda que no podía engañar a nadie.

El terreno fue confiscado y se ordenó demoler la construcción. Pero la historia no ha terminado porque antes de remover las falsas ruinas, será necesario realizar verdaderos estudios arqueológicos para comprobar que las obras de demolición no dañen eventuales restos auténticos que pudieran eventualmente encontrarse debajo.

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