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El shutdown en EE.UU. se prolonga y Washington despliega agentes del ICE

La paralización parcial del gobierno en Estados Unidos continúa impactando de lleno en el transporte aéreo, con demoras, largas filas y una creciente escasez de personal en los controles de seguridad. Ante este escenario, la administración de Donald Trump decidió desplegar agentes del ICE (Immigration and Customs Enforcement) para reforzar las operaciones.

El conflicto se origina en el bloqueo presupuestario que afecta al Department of Homeland Security, organismo que supervisa a la Transportation Security Administration. Desde mediados de febrero, miles de empleados federales se encuentran sin salario, lo que provocó un aumento significativo del ausentismo y complicaciones operativas en los principales aeropuertos del país.

En este contexto, el gobierno anunció el envío de agentes de ICE para cubrir tareas auxiliares en los controles. Según explicó el responsable de temas migratorios de la Casa Blanca, Tom Homan, estos agentes no reemplazarán funciones especializadas, sino que se encargarán de tareas como el control de accesos, verificación de documentos y gestión de flujos de pasajeros, permitiendo que el personal de la TSA se concentre en los controles de seguridad.

La medida apunta especialmente a los grandes hubs, donde los tiempos de espera alcanzan niveles críticos. En algunos aeropuertos, las filas superan las dos o tres horas, mientras que en terminales como Houston o Nueva York se registraron pasajeros que perdieron sus vuelos tras largas esperas en los controles.

El deterioro operativo responde, en gran parte, a la falta de personal. De acuerdo con datos oficiales, el ausentismo promedio ronda el 10 % a nivel nacional, pero puede superar el 30 % o incluso el 40 % en algunos aeropuertos. A esto se suma la renuncia de cientos de agentes y una creciente presión sobre quienes continúan trabajando sin cobrar.

La situación laboral de los trabajadores de la TSA se ha vuelto cada vez más compleja. Testimonios recientes dan cuenta de dificultades económicas severas, con empleados que enfrentan problemas para pagar alquileres o cubrir gastos básicos, mientras que otros han recurrido a medidas extremas para sostener sus ingresos. Además, se registró un aumento significativo en incidentes de violencia contra el personal en los aeropuertos.

El despliegue de agentes de ICE, sin embargo, generó críticas por parte de sindicatos y sectores políticos. Desde la American Federation of Government Employees advirtieron que incorporar personal sin la formación específica en seguridad aeroportuaria no soluciona el problema de fondo y puede incluso generar nuevos riesgos.

A esto se suma la controversia política que originó el propio shutdown. El bloqueo presupuestario responde a desacuerdos entre demócratas y republicanos sobre el financiamiento y las prácticas de la política migratoria. Mientras tanto, los agentes de ICE continúan percibiendo sus salarios, a diferencia del personal de la TSA, lo que alimenta el debate sobre la asignación de recursos.

En paralelo, la crisis llega en un momento especialmente sensible para el transporte aéreo. Se estima que alrededor de 121 millones de pasajeros viajarán a Estados Unidos durante las próximas semanas, en el marco de la temporada de primavera, lo que podría agravar aún más la situación en los aeropuertos si no se alcanza un acuerdo político.

Las autoridades ya advirtieron que, de prolongarse el conflicto, podrían registrarse consecuencias más severas, incluyendo la reducción de operaciones o incluso el cierre parcial de algunas terminales.

En el Congreso, las negociaciones continúan contrarreloj para destrabar el financiamiento del DHS. Legisladores de ambos partidos trabajan en una propuesta final que permita poner fin al bloqueo, mientras crece la presión por parte de la industria aérea y los propios pasajeros afectados por las demoras.

Mientras tanto, la combinación de falta de personal, tensiones políticas y aumento de la demanda mantiene al sistema aeroportuario estadounidense bajo una fuerte presión operativa, con impacto directo en la experiencia de viaje.

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