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En su lucha contra el sobreturismo, Barcelona limita los cruceros en tránsito 

El puerto catalán avanza hacia un nuevo modelo de gestión del turismo de cruceros, con menos capacidad portuaria, mayor presión fiscal sobre los pasajeros en tránsito y una apuesta por priorizar las operaciones de puerto base.

El Ayuntamiento de Barcelona y el Port de Barcelona anunciaron una reducción de siete a cinco terminales de cruceros en el muelle Adossat. El acuerdo, firmado el 17 de julio de 2025, prevé demoler las actuales terminales A, B y C, construir una nueva terminal pública en el espacio de la C y mantener cuatro terminales privadas. La nueva infraestructura pública tendrá capacidad para atender hasta 7.000 pasajeros simultáneos.

La operación forma parte de una inversión público-privada de 185 millones de euros. De ese total, el puerto destinará 50 millones a la renovación de un tramo de 610 metros del muelle Adossat, correspondiente a las actuales terminales A y B. El plan también incluye mejoras de movilidad, la duplicación del puente Porta d’Europa, un corredor urbano entre Drassanes y la Marina del Prat Vermell, y sistemas de información para distribuir mejor los flujos de visitantes.

El calendario prevé que a fines de 2026 cierre la terminal del muelle Barcelona Sur y se demuela la actual terminal C. En 2027 comenzará la construcción de la nueva terminal pública y se inaugurará la terminal G, actualmente en obras. En 2028 entrará en funcionamiento la nueva C y se demolerán las terminales A y B. Para 2030, la terminal C deberá estar plenamente operativa. Con esta reconfiguración, el Port de Barcelona quedará con cinco terminales: cuatro privadas (D, E, G y H) y una pública, la nueva C. Según la información oficial, el nuevo esquema buscará priorizar los cruceros de puerto base y los barcos de menor tamaño.

La decisión responde a una presión turística creciente. El alcalde Jaume Collboni sostuvo que, por primera vez, se pone un límite al crecimiento de los cruceros en la ciudad, y recordó que entre 2018 y 2024 el número de cruceristas aumentó un 20 %. “La gestión actual del turismo implica poner límites y gestionar mejor”, afirmó.

La segunda pata de la estrategia es fiscal. Jaume Collboni anunció que quiere acelerar la suba de la tasa turística para los cruceristas que solo hacen escala en Barcelona y no tienen la ciudad como origen o destino del viaje. La propuesta apunta a elevar el recargo de 4 a 8 euros por persona y día en los próximos meses, en lugar de aplicarlo de manera gradual durante cuatro años. “Quiero desincentivar la llegada de cruceristas”, dijo el alcalde.

El objetivo político es reducir progresivamente las escalas de tránsito, consideradas de bajo valor para la ciudad porque concentran visitantes durante pocas horas, sin pernoctes y con fuerte presión sobre el espacio público. En cambio, Barcelona busca preservar el turismo de puerto base, que genera noches de hotel, consumo en restaurantes, traslados, servicios pre y post crucero y mayor derrame económico. Para la industria turística, el movimiento puede tener consecuencias directas en los itinerarios del Mediterráneo occidental. Las rutas que combinan Barcelona con Marsella, Génova, Civitavecchia, Palma u otros puertos podrían ajustar escalas a partir de los próximos catálogos, especialmente cuando Barcelona funcione solo como parada de pocas horas y no como puerto de embarque o desembarque.

El impacto no será igual para todas las compañías. Las navieras con terminales privadas o acuerdos consolidados parten de una posición más sólida para sostener operaciones de puerto base. Es el caso de las terminales D y E, asociadas a las empresas del grupo Carnival, la H a MSC y la G a Royal Caribbean. Las compañías sin infraestructura dedicada dependerán más de la disponibilidad del futuro terminal público. 

El plan también incluye la instalación de sistemas OPS, conocidos como cold ironing, para que los barcos puedan conectarse a la red eléctrica mientras están atracados y apagar sus motores auxiliares. El Port de Barcelona enmarca esta transformación dentro de su estrategia de electrificación y participación en iniciativas europeas de suministro eléctrico a buques. La medida se alinea con las exigencias europeas de descarbonización marítima. El reglamento FuelEU Maritime promueve el uso de combustibles renovables y tecnologías de energía limpia en buques, mientras que desde 2030 los principales puertos europeos deberán avanzar en el uso de conexión eléctrica en puerto para barcos de pasajeros y portacontenedores, bajo determinadas condiciones.

La reestructuración no implica el retiro de Barcelona del mapa de cruceros. Para agencias, operadores y pasajeros, el mensaje práctico es doble. Las salidas desde Barcelona seguirán siendo atractivas y probablemente más valorizadas, porque encajan con el modelo que la ciudad quiere preservar. En cambio, las escalas breves podrían encarecerse, perder frecuencia o ser reemplazadas por alternativas cercanas como Tarragona o Palma, o por otros puertos consolidados del Mediterráneo como Marsella y Civitavecchia.

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