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Coronavirus y negligencia

Mientras el Covid-19 se esparce a sus anchas en Estados Unidos y la aviación retoma de a poco su capacidad operativa, los funcionarios federales parecen reacios a hacer obligatorias las normas mínimas de prevención.

Un nuevo capítulo de la inefectividad y negligencia en la gestión de la pandemia por parte del Gobierno Estadounidense, tuvo lugar la semana pasada en Estados Unidos. Y es que mientras el virus presentó el viernes un nuevo record con 60 mil contagios en un día, el Gobierno Federal continúa negándose a promulgar la obligatoriedad de las medidas mínimas de prevención en el transporte aéreo.

Así quedó claro en el informe emitido por los departamentos de Transporte, Seguridad Nacional y Salud y Servicios Humanos en donde se formularon una serie de recomendaciones para reducir el riesgo de propagación del nuevo coronavirus en los viajes aéreos, pero no hay nada de lo que muchos estaban esperando: hacer de estas recomendaciones de seguridad una norma federal.

¿Qué dice el informe? A grandes rasgos, que las aerolíneas deberían considerar limitar la capacidad en los aviones para promover el distanciamiento social y recomendar el uso de barbijos. Nada nuevo bajo el sol. La realidad es que las principales aerolíneas estadounidenses piden a los pasajeros el uso del barbijo y son los reguladores quienes han rechazado la solicitud de hacerlo una conducta obligatoria.

También se dijo que las aerolíneas y los aeropuertos deberían tomar medidas para aumentar el distanciamiento social, limpiar las superficies tocadas por los pasajeros, brindar capacitación especializada a las tripulaciones y proporcionar más información para ayudar con el rastreo de contactos si los pasajeros dan positivo por coronavirus.

Sin embargo, en el terreno de las recomendaciones cada quien se conduce como quiere. En días pasados American Airlines se unió a United Airlines para tratar de llenar cada asiento en cada vuelo. La medida fue criticada por el experto del gobierno en enfermedades infecciosas, el Dr. Anthony Fauci y el Dr. Robert Redfield, director de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades.

Sin duda, es el territorio de la confusión, del “sí, pero no”. Lo grave es que, entre tanto, muchos estadounidenses se aterran con las tasas de mortalidad y ven con preocupación como muchos de sus compatriotas eligen creer en individuos y funcionarios que parecen valorar más los dólares que las vidas humanas. Según los críticos del Gobierno, que no son pocos y no les faltan argumentos, ningún país en la tierra, como Estados Unidos, ha ignorado, administrado mal y mentido descaradamente sobre la necesidad de precauciones simples para prevenir el Covid-19, bajo la premisa de salvar la economía.

El punto más alto de este absurdo tuvo lugar en la víspera del feriado del 4 de julio, en el Monte Rushmore, en Dakota del Sur. Ante la mirada impávida desde la piedra de George Washington, Thomas Jefferson, Theodore Roosevelt y Abraham Lincoln, el flamante presidente Donald Trump presidió un acto público para 7.500 personas en donde no fueron obligatorios ni los barbijos ni el distanciamiento social. Las consecuencias de este mitin político están por verse.

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