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Miradas

Lo inédito y complejo de la situación que vive el mundo, y nuestra actividad, provoca diferentes reacciones y miradas, en las que cuesta encontrar un hilo conductor que contribuya al menos a aclarar las ideas.

La epidemia informativa, donde todos hablan, opinan, hacen pronósticos y levantan el ánimo así como lo deprimen, contribuye a generar más confusión. La ausencia de una conducción gremial empresaria sólida y con respaldo de sus representados, ayuda a dispersar las ya menguadas fuerzas  de al menos un sector de la industria –las agencias- que no ve la salida a la crisis.

Prueba de ello fue la marcha del 21 de setiembre, en la que convocaron 5 entidades, en las que se mezcló la Federación que se supone es el órgano representativo de todos los agentes de viajes, la asociación de operadores, agentes auto convocados, otros representantes de CABA y GBA y un consolidador comercial de minoristas (¿?).

Como resultado, la buena concurrencia que tuvo la iniciativa en casi todas las provincias, contrastó con la efectividad que podía haber tenido la movilización. Así, se podía ver hablar con los medios a todas/os a los que se les acercaba un micrófono, diciendo cada uno lo que sentía o pensaba en el plano personal, sin un discurso unificado sobre el contenido de la protesta ni la situación que se atraviesa de conjunto.

Los emisivos reclamando por el 35% al que calificaban de confiscatorio, robo o estafa.  Los de que tienen negocios más concentrados en lo nacional, pedían vuelos de cabotaje. No faltaron algunos operadores, y mucho opinólogo, que sabemos que en nuestro sector, sobran.

La reunión con el Ministro la tuvieron los agentes auto convocados y un representante de agencias de CABA y GBA. Cabe preguntarse si en esa mesa no debería haber estado la CAT y/o FAEVYT. Ante la pregunta del porque no había subido la Federación a la reunión con Lammens, la respuesta de un señor del riñón de Hani, fue “No hace falta. Nosotros ayer ya le mandamos a Lammens el petitorio. Que ellos tengan un rato de fama” refiriéndose a los auto convocados.

Tal vez, en lugar de  descalificarlos, sería bueno preguntarse porque surgieron estos núcleos por afuera de la Federación y si el momento no amerita la unidad para tener más fuerza.

Como referíamos, son tan contradictorios los análisis que escuchamos, que hasta al más avezado y bien intencionado, le cuesta entender. Mientras se reclama que se termine el aislamiento y se abran los vuelos porque los deseos de viajar estarán por encima de la situación sanitaria, países desarrollados sin grietas ni esas cosas de nuestro subdesarrollo criollo, vuelven a cerrarse como Suecia, Inglaterra, España, Israel, etc.

Se reclama que se abran los vuelos y cuando se anunció que en octubre comenzarían los vuelos domésticos, 14 provincias manifestaron su negativa a recibirlos.

No hace falta abundar en la gravedad de la situación, pero se dan situaciones que lejos de intentar sumar iniciativas para pensar el futuro, se concentran en interminables foros de Zoom donde la catarsis y la ausencia de ideas obstaculiza, por lo menos, intentar construir alternativas. Por poner un ejemplo, en el encuentro semanal de FACVE del jueves pasado, el responsable Pablo Damerau quien reside en Alemania, sugirió a los empresarios conectados ir al psicólogo por “filtrar” a la prensa lo que se trata en los foros. Como siempre, el problema es que se sepa, no lo que ocurre.

Las empresas más consolidadas ya sean minoristas o mayoristas centran su preocupación en si el ATP sobrevivirá a fin de año. Consultado en la marcha un importante operador sobre como visualizaba el futuro, respondió que lo veía muy mal pero que por ahora “la trepada del blue me ayuda a mantenerme y que después se verá…”

Otros manifiestan su convicción que levantada la restricción a los vuelos, los pasajeros viajarán masivamente porque a “los argentinos les gusta viajar” y que las compañías van a poner vuelos cuando “haya pasajeros”.

No solo en casa se escuchan ese tipo de dislates. Empresas más que importantes como Amadeus, difunden encuestas que afirman que el 70% de los consumidores estaría dispuesto a volver a viajar en cuanto se levanten las restricciones. En definitiva, el riesgo sanitario, la caída del PBI en todos los países, la desocupación y el innegable desempleo que existe y que habrá, no existe.

También la prensa en general no escatima buenos pronósticos, lo cual no llama la atención ya que en nuestro ambiente siempre se creyó que decir cosas buenas hace que ocurran cosas buenas.

Sin hacer historia, hace un mes, las grandes OTA’s difundían por la prensa masiva las miles de consultas que recibían diariamente para viajar con importantes números de concreciones. Desconocemos cual fue el resultado de la estrategia, pero se terminaron cuando en uno de los foros, se criticó esas prácticas con el sensato argumento de que “le pedimos al gobierno nos ayude porque estamos muy mal, y salimos a decir que nos va muy bien”…

Paralelamente y en la realidad, las aerolíneas estadounidenses si no reciben ayuda el 1 de octubre, se reducen a la mitad, en Palma de Mallorca cerraron 460 hoteles, las ferroviarias europeas dedicadas al turismo se fusionan, miles de agencias cierran en todo el mundo, compañías de primera línea se declaran en quiebra y en Argentina la industria está al borde del colapso.

Los pronósticos no son alentadores. Una prestigiosa periodista estadounidense especializada en ciencias, llamada Laurie Garrett, (foto) habló sobre el impacto de la pandemia en el turismo. Garret, de 69 años, recibió el premio Pulitzer por su reportaje en 1996 acerca del brote del virus del ébola en Zaire además de trabajos sobre otros flagelos.

Hoy dice que esta pandemia es un evento de 36 meses y que mientras esperamos una vacuna, usar una máscara es lo más efectivo. “Ninguno de las vacunas en proceso promete tener una eficacia superior al 50 %”, afirma.

“Los controles de temperatura, no tienen eficacia porque las personas tienden a contagiar antes de tener fiebre, si es que muestran síntomas. Testear antes de subir a un avión, o un crucero no detectaría infecciones adquiridas en las horas previas en el aeropuerto, el hotel o incluso uno o dos días antes del vuelo.”

Garrett opina que la industria de viajes, debería centrarse en las máscaras ya que los estudios demuestran que si se usa correctamente, protege entre un 70 y un 80%, más que el 50% de las vacunas en proceso.

En cuanto a volar, opina que las aerolíneas propagan enfermedades, lo que significa que las personas se infectan, suben a un avión, van a otro lugar y asi transmiten la infección a otros

Se le pregunto a Garrett si tomaría una vacuna que estaría lista este año, en alusión a las declaraciones de Trump que estará disponible antes de las elecciones de noviembre. Riendose, dijo que no importa lo que diga la Casa Blanca, todas las señales apuntan a que una vacuna no estará lista hasta 2021.

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