Aero: “La sostenibilidad tiene que estar en el corazón del negocio turístico”
El director comercial de Aero SRL, Facundo Carassale, repasó el camino de la operadora mayorista hacia la certificación Sistema B, el desarrollo del programa Aero sostenible 2030 y el desafío de llevar la sostenibilidad al centro de la cadena comercial turística.
Aero SRL cumple este año 25 años como empresa, aunque su historia en la industria turística comenzó antes, con experiencia en representación de compañías aéreas, consolidación y operación mayorista. Con base en la ciudad de La Plata, la compañía fue incorporando desde sus inicios una agenda vinculada al acompañamiento de organizaciones sociales, el trabajo con universidades y la formación de nuevos profesionales. Ese recorrido encontró un nuevo marco en 2023, cuando Aero obtuvo la certificación Sistema B, convirtiéndose en una de las empresas pioneras del sector turístico argentino en avanzar en ese proceso. Para Facundo Carassale, la certificación permitió ordenar, profesionalizar y proyectar una práctica que ya formaba parte de la cultura de la empresa. En diálogo con Rèport, Facundo Carassale explicó cómo se gestó ese camino, qué implica sostener una mirada de triple impacto y por qué el nuevo programa Aero sostenible 2030 busca llevar la sostenibilidad al corazón del negocio.
¿Cómo nace la vocación de Aero por trabajar con una mirada social y sostenible?
Nosotros somos un operador mayorista. Este año cumplimos 25 años como Aero, aunque en la industria llevamos más tiempo, en distintas partes del negocio: representación de compañías aéreas, consolidación y después turoperación. Fue una dinámica que se dio casi naturalmente.
Desde el inicio hubo una vocación familiar de estar con un pie en el trabajo y otro en acciones que iban más allá. Lo hacía mi madre, también mi padre, y cuando mi hermano tomó el negocio y creó Aero, esa inquietud siguió presente. Somos originarios de La Plata y siempre estuvo la idea de ayudar a ONG, comedores y organizaciones de la comunidad.
Paralelamente, se generó muy pronto un vínculo con la Universidad Nacional de La Plata. A medida que se incorporaban empleados, se buscaban alumnos recién egresados, pasantes o jóvenes que estaban dando sus primeros pasos. Era algo bastante natural para el origen de la empresa.
Con el crecimiento de Aero, también creció esa dinámica. Se sumaron más personas, muchas de ellas culturalmente alineadas con esa mirada. Entonces nos encontramos colaborando con fundaciones, ONG, universidades, hospitales y desarrollando muchas acciones internas con los colaboradores.
¿En qué momento aparece la idea de certificar como Empresa B?
A través de Vistage, una organización donde empresarios comparten ideas, posturas, problemas y experiencias, mi hermano llegó a la certificación de Sistema B. Eso fue antes de la pandemia.
Él vio que todo lo que hacíamos desde Aero estaba muy alineado naturalmente con la certificación. Pero, como toda certificación, también ayuda mucho a organizar y mejorar la gestión de las acciones que uno hace, tanto en el negocio como de manera voluntaria.
A veces uno tiene energía e ideas, pero falta una plataforma que ayude a canalizarlas mejor. Por eso nos pareció positivo certificar: en el proceso íbamos a poder organizarnos mejor.
Después vino la pandemia y el proceso se frenó. La certificación inicial es bastante exigente, larga, con auditorías y documentación. Nosotros ya teníamos experiencia en certificaciones más vinculadas a procesos, pero esto era distinto. Post pandemia retomamos el camino con otra sensibilidad. Nos parecía que obtener la certificación era una manera de afianzar nuestro propósito. Finalmente, en 2023 logramos la primera certificación.
¿Se sintieron pioneros dentro del turismo argentino?
Sí, sobre todo como turoperador. No sé cuántas empresas del rubro tienen certificación Sistema B en Argentina. Puede haber agencias o prestadores que trabajan con proyectos de sostenibilidad, especialmente en destinos donde el tema está más internalizado, pero como tour operadores no hay muchos casos.
Nosotros invitamos siempre a colegas a participar porque realmente es una herramienta valiosa. Es cierto que todos los años hay que certificar o presentar avances, y que las exigencias van cambiando, pero para nosotros las ideas del triple impacto están alineadas de manera natural con lo que hacemos.
Tomar decisiones pensando en un futuro mejor desde lo económico, lo social y lo ambiental va muy de la mano con nuestra cultura. La certificación no nos obliga a hacer algo ajeno; nos ayuda a ordenar las ideas y seguir adelante.
¿Qué cambió internamente después de obtener la certificación?
A partir de 2023 empezamos a darle una estructura más clara. Hoy tenemos una persona que mutó su rol dentro de Recursos Humanos y ahora trabaja también en sostenibilidad. Es quien lleva el vínculo entre Aero y la certificación, hace el seguimiento y genera propuestas alineadas con los requerimientos.
Por mi parte, estoy más enfocado en la gestión de la marca Aero y su vínculo hacia afuera: proveedores, prestadores y clientes. De alguna manera dividimos el trabajo entre lo interno y lo externo dentro de este programa de Aero sostenible.
La certificación nos permitió afianzar un norte más claro. No es algo que impacte de manera directa en la tarifa o en la rentabilidad. Al contrario, implica una inversión importante de tiempo y dinero. Pero lo que nos mueve es el propósito.
¿Cómo se traduce esa mirada en el negocio mayorista y en la relación con proveedores?
Nosotros trabajamos básicamente B2B. Recién el año pasado, cuando ya estábamos más afianzados con la certificación, empezamos a poner el tema más en relieve en reuniones, sobre todo con proveedores.
El primer intercambio fuerte y productivo fue con LATAM. Desde Aero tenemos dos unidades de negocio: consolidación aérea y turoperación. Somos fuertes en consolidación, por lo que sabemos el impacto que generan los vuelos. Las compañías aéreas también lo saben. Nos parecía importante ver cómo comunicarlo sin caer en greenwashing.
Latam nos invitó a formar parte de su programa de compensación de huella de carbono y fuimos la primera consolidadora en Argentina en participar de esos proyectos. Después discontinuamos esa participación porque los proyectos impactaban en comunidades de Perú y Chile, y nosotros preferíamos invertir en acciones locales o trabajar con ONGs argentinas.
Luego empezamos a conversar con prestadores, cadenas hoteleras, DMC y operadores receptivos. Nos encontramos con que la gran mayoría tiene programas de sostenibilidad, pero muchas veces no los comunica o no encuentra el espacio para hacerlo. A partir de esas conversaciones, algunos comenzaron a expresarlo de manera más significativa.
Por ejemplo, cadenas hoteleras nos comparten sus reportes anuales de acciones. Iberostar nos invitó a diseñar juntos un fam para agencias 100 % sostenible en República Dominicana, para mostrar instalaciones, gestión de alimentos, producción local y otras prácticas. En Europa este tipo de viajes ya se venía haciendo más; para nosotros todavía es algo nuevo.
¿El objetivo es que las agencias también empiecen a considerar la certificación B?
Sí. Nos interesa concientizar y mostrar que el impacto de los viajes no siempre es negativo. Es cierto que el turismo genera impacto, pero también puede enriquecer muchísimo a las comunidades locales. Muchos proveedores turísticos hoy trabajan para que el impacto sea más positivo que negativo.
Nuestra idea es ser una herramienta más dentro de la cadena comercial, un engranaje que ponga estos temas en relieve. No pretendemos cambiar el mundo de un día para el otro, pero sí sumar una gota. Y buscamos que esa gota sea cada vez más significativa.
Creo que va a llegar el momento en que el público, especialmente las nuevas generaciones, elija también por estos temas y no solo por tarifa. En algunos mercados y productos eso ya pasa. Hay estudios de Booking y Expedia que muestran que muchas personas están dispuestas a pagar más por productos que les aseguren sostenibilidad. Nosotros nos alineamos con esa tendencia y trabajamos en ese sentido.
¿Qué implica renovar la certificación Sistema B? ¿Cada año sube la exigencia?
Sí. Cada certificación es un escalón y la vara va subiendo. No es que llegaste a un punto y te quedás ahí. Las certificaciones iniciales estuvieron más orientadas a acciones con colaboradores y con la comunidad local. Después el desafío fue expandir eso más allá de la comunidad inmediata. Ahora estamos en una etapa que nos llevó a desarrollar Aero sostenible 2030, porque para la próxima certificación tenemos que mostrar acciones vinculadas al core del negocio.
Es decir: ya no alcanza con hacer acciones hacia adentro o con la comunidad. Ahora hay que poner la sostenibilidad en el corazón del negocio. Hablarlo con proveedores, ver qué se puede hacer con compañías aéreas, trabajar sobre la disminución del impacto de la huella que genera la actividad.
Cada año, la certificación se va moviendo. Lo que hicimos el año anterior queda incorporado a la cultura y aparecen nuevas solicitudes, más complejas. Es un proceso dinámico.
¿Qué ejemplos puede darnos de acciones de triple impacto de Aero?
El primer impacto que plantea Sistema B, y que para mí es muy importante dejar claro, es la sostenibilidad económica de la empresa. Nuestro primer objetivo es mantenernos y, en lo posible, mejorar económicamente. Pero no pensando solo en la empresa o en el beneficio de los socios, sino en que todas las personas que forman parte de Aero se vean beneficiadas por ese crecimiento. Buscamos que el negocio sea redituable, eficiente y sostenible. En un mercado cada vez más exigente, cambiante y flexible, eso implica trabajar mucho todos los días.
Después está el impacto en las personas, tanto dentro de Aero como en la comunidad donde estamos insertos. Somos sede en La Plata de Fundación Empujar, una ONG que capacita a chicos de bajos recursos para conseguir su primer empleo. Se trabaja en entrevistas laborales, objetivos personales y preparación para el mundo del trabajo. También somos padrinos de Fundación Malú. Adquirimos una locación y la reformamos. Es una organización que acompaña a familias de abrigo y a chicos que están en proceso de adopción. Además colaboramos con el Hospital de Niños Sor María Ludovica. Hace poco fuimos sponsors de una maratón en la que se recaudaron más de 50 millones de pesos para el hospital. También apadrinamos un merendero en Tolosa, el barrio donde está Aero, con actividades escolares, cumpleaños, Día del Niño y otras acciones. Con la Universidad Nacional de La Plata colaboramos dando cursos, capacitaciones y también donando tecnología cuando renovamos nuestros equipos. Muchas veces ese equipamiento todavía sirve para la universidad.
También replicamos acciones en otras ciudades donde tenemos comerciales, como Mar del Plata o Bahía Blanca. Cuando fue la inundación en Bahía Blanca, por ejemplo, estuvimos activos colaborando.
En cuanto a los ambiental, trabajamos mucho también puertas adentro. En la oficina tenemos uso mínimo de papel, separación de residuos y paneles solares que hoy abastecen entre el 30 % y el 35 % de la energía utilizada. No tenemos más paneles porque no nos queda más espacio en el techo, pero nos permite contar con cierta reserva de energía en baterías. También hicimos remodelaciones en las oficinas, que son bastante amplias, contemplando criterios vinculados al diseño de espacios, baños y comodidad para las personas. Tratamos de reflejar esta mirada también en lo edilicio. Tiene que ser algo holístico.
¿Qué rol cumple Aero como espacio de primer empleo?
Cerca del 70% de los colaboradores de Aero surgieron de pasantías de la Universidad Nacional de La Plata. En ese sentido somos una usina de primer empleo. Eso es muy valioso porque los chicos se incorporan a una cultura de trabajo desde el inicio. Después hay muchos beneficios: el trabajo en Aero es híbrido, se puede trabajar desde casa o desde la oficina, hay viajes de capacitación permanentes, cursos, coaching y acompañamiento del equipo de Recursos Humanos. El foco está puesto en que las personas puedan desarrollarse y crecer dentro de la empresa.
¿Cómo está organizado el programa Aero sostenible 2030?
Este año empezamos a trabajar con un presupuesto específico de sostenibilidad. Todas las acciones vinculadas al triple impacto tienen un presupuesto aparte, con objetivos claros y divididos por áreas: recursos humanos, negocio, fundaciones y acciones con el tercer sector. Eso nos permitió organizarnos mejor. Tenemos un plan y podemos seguir pasos concretos para cumplirlo. A veces llegan muchas propuestas y muchas acciones posibles, pero si uno no tiene un plan ni un presupuesto, es difícil discernir a qué decirle que sí y a qué decirle que no. Hoy contamos con una célula transversal dentro de Aero. Participan personas de administración, que manejan el presupuesto; Recursos Humanos, con foco en sostenibilidad; producto, negociando este tipo de propuestas con proveedores; y marketing, para comunicar y acompañar. Es un equipo interdisciplinario que mantiene el foco puesto en este tema.
¿Qué consejo les daría a otros colegas del sector que quieren avanzar en sostenibilidad pero piensan que certificar es difícil?
Les diría que este es el tiempo realmente valioso. A veces, por lo urgente, uno deja de lado lo importante. Y esto tiene que ver con el propósito: qué le podemos dejar a nuestros hijos, a los colaboradores de nuestra empresa, a nuestros nietos.
La vida tiene un límite, tanto laboral como biológico. Entonces me parece saludable poder mirar hacia atrás y decir: dejamos algo más significativo en la empresa y en la comunidad.
Pero esto se tiene que hacer porque se siente. Nosotros certificamos B no para que nos obligue a hacer cosas, sino para ordenarnos con lo que ya veníamos haciendo. Debería estar en el ADN. Y si no está, hay que empezar a mirar hacia los costados y preguntarse qué puede hacer cada uno, desde su lugar, para construir un mundo mejor.
Una vez que eso se internaliza, Sistema B ayuda, motiva, entrena y también da cierta visibilidad. Es lindo tener la certificación y ver que marcas reconocidas también la tienen. Me pasó en Brasil, en Fernando de Noronha, donde los parques nacionales tienen certificación B. También en otros ámbitos, como un gimnasio al que voy. Empezás a vincularte con personas y organizaciones con las que compartís valores trascendentes.
Mi consejo sería: primero encuentren el significado real, más allá de la operación diaria. Tómense el tiempo para mirar alrededor y ver cómo pueden contribuir. Después sí, apunten a la certificación B. Cuando uno está convencido, no importa que sea exigente. Además, hay consultoras especializadas que acompañan muy bien ese camino.
La certificación B hay que hacerla porque se siente, no porque uno se sienta obligado. Y realmente vale la pena.