Vuelos reprogramados y tarifas inestables: el impacto de la guerra
Después de tres meses de conflicto en Medio Oriente, enfrentan una combinación de menor capacidad, rutas reprogramadas, costos de combustible más altos, precios inestables y nuevas políticas de flexibilidad para intentar sostener la confianza de los pasajeros.
Uno de los primeros efectos se observa en la oferta de asientos. Según un análisis de OAG, para mayo se registraron fuertes recortes frente a los programas previstos originalmente, con una caída de capacidad del 34,7 % en Medio Oriente, además de bajas en Asia del Sur y el Sudeste Asiático. Air Arabia redujo en un 34,3 % su oferta prevista para mayo, equivalente a unos 100.000 asientos, mientras que la low-cost flydubai mostró uno de los mayores recortes en volumen, con 167.000 asientos menos.
La tensión también se trasladó a grandes grupos globales. Lufthansa anunció la cancelación de unos 20.000 vuelos hasta octubre, con el objetivo de ahorrar cerca de 40.000 toneladas de combustible, en un contexto de fuerte presión sobre el precio del queroseno. Otros grupos internacionales también vienen ajustando operaciones, ya sea con suspensiones, reducciones de capacidad o cambios de rutas hacia y desde Medio Oriente. En Europa, algunas compañías optaron por recortes puntuales. La low-cost Transavia informó la cancelación de aproximadamente 400 vuelos en mayo y junio, cerca del 2 % de su programa. La crisis también obliga a redireccionar aviones hacia destinos de cercanía o zonas lejanas a las regiones de guerra. En este contexto el Mediterráneo occidental, el Caribe y las Américas se ven favorecidas.
El comportamiento de los precios es otra arista de la actual problemática, pero no es lineal. Si bien se nota un incremento en general, se registran al mismo tiempo bajas, como por ejemplo en los vuelos regionales de Europa (-3,3 %). Los analistas leen esta cifra registrada en abril como una elección de las aerolíneas que prefieren estimular la demanda antes que trasladar de forma plena el aumento de costos. En los vuelos intercontinentales, sin embargo, la dinámica es distinta. El mismo relevamiento registró una suba del 3,1 % en abril, desde los principales mercados de Europa Occidental, impulsada por los recargos de combustible aplicados por algunas compañías en vuelos de larga distancia.
Ante la incertidumbre, varias aerolíneas comenzaron a reforzar la flexibilidad comercial para contener a los pasajeros indecisos. Algunos ejemplos: TAP Air Portugal eliminó cargos de modificación para determinados boletos emitidos entre mediados de mayo y mediados de junio; Etihad y Emirates ofrecieron un primer cambio de fecha sin costo; y easyJet incorporó una propuesta de mayor flexibilidad en sus paquetes.
La situación también golpea la planificación. De acuerdo con OAG, los ajustes sugieren que las compañías están trabajando con ventanas de decisión cortas, de alrededor de seis semanas, para poder reaccionar a los cambios geopolíticos sin comprometer por completo la temporada alta. Para las agencias y los operadores, el escenario exige mayor seguimiento de itinerarios, condiciones de cambio, disponibilidad y costos finales. La combinación de vuelos reprogramados, tarifas fluctuantes y políticas comerciales diferenciadas vuelve más importante que nunca el posicionamiento y la comunicación que sólo un profesional puede brindar, especialmente en viajes de larga distancia o rutas que dependen de conexiones sensibles.
A pocas semanas del inicio de la temporada alta de verano, el mayor interrogante está ahora en lo que puede ocurrir después. El invierno boreal podría ser todavía más difícil si el conflicto se prolonga, porque las coberturas de combustible compradas antes de la crisis irán venciendo y las compañías podrían quedar más expuestas a costos altos.