Ad Clicks : Ad Views : Ad Clicks : Ad Views : Ad Clicks : Ad Views : Ad Clicks : Ad Views : Ad Clicks : Ad Views : Ad Clicks : Ad Views :

74 años de historia que se reinventan sin perder identidad ni legado

El Hotel Nevada de Bariloche reabrió sus puertas y volvió con una historia familiar intacta y la decisión de no quedarse “congelado” en el tiempo.

Afuera, su fachada lleva a muchos turistas a recuerdos de viajes pasados, y para los locales es una postal del centro. Adentro, algo parecido a una nevada acaba de ocurrir: una capa nueva, profunda, que cubre todo lo que había sin borrarlo del todo. Porque el edificio sigue siendo el mismo, pero al pasar la puerta principal, el tiempo se dio vuelta. Y eso, en un destino donde todo cambia para atraer, no es un detalle: es una decisión.

“Dejamos la carcasa, la fachada quedó igual, pero por dentro se hizo todo nuevo”, dice Adriana Gressani, directora y gerente del Hotel Nevada de Bariloche, y en esa frase hay algo más que una descripción técnica, hay una forma de intervenir la memoria sin romperla. El Nevada nació en 1952, cuando Bariloche todavía no era la postal que es hoy.  

La historia creció como crecen las ciudades que encuentran en el turismo su motor. Pero no siempre crecer alcanza; a veces hay que volver a empezar sin moverse del lugar. Eso fue lo que ocurrió entre 2022 y 2023, cuando los hermanos Gressani, Sandro, Gianni y Adriana, deciden cerrar sus puertas y remodelar íntegramente todo el hotel.

Del otro lado estaba Alma del Lago, el otro hotel familiar, cinco estrellas, moderno, consolidado. El contraste era inevitable y entonces apareció esa palabra que en las empresas familiares pesa más que cualquier balance: legado.


“Había una llama. Alma del Lago es un producto cinco estrellas en su máximo esplendor y queríamos hacer esa renovación para el Nevada. Es un hotel con muchos años, con identidad y marca propia, muy importante para la ciudad y, diría, para toda la Patagonia, pero había que hacer un cambio importante e integral”, dice Adriana Gressani.

Lo que siguió fue una obra que duró dos años, se vació por dentro, se desarmó pieza por pieza, se volvió a armar con materiales nuevos, con una lógica nueva, con otra manera de pensar el servicio. No se trataba solo de modernizar, sino de hacer funcionar mejor lo invisible: la limpieza, los tiempos, el uso del agua, la eficiencia energética. 


La transformación también se mide en detalles que el huésped siente: calefacción renovada, iluminación eficiente, cuatro sistemas de conectividad para garantizar algo que hoy es fundamental, internet que funcione, habitaciones más amplias, nuevas opciones familiares con departamentos ampliamente equipados, nuevo salón desayunador y café-resto y un salón para eventos para 250 personas.



Una familia de hoteleros

La historia empezó con un abuelo, Noe de Barba, que llegó desde Italia entre guerras y continúa con una abuela, Italia Candeago, que lo alcanzó después de la Segunda Guerra Mundial, junto a sus dos hijos varones. “Mi nono llegó y luego vino mi nona con sus hijos. En ese reencuentro nació mi madre, Elda, en Bariloche en 1932. Mi madre iba al colegio y luego ayudaba sirviendo mesas”, cuenta Adriana Gressani, y en esa escena doméstica se condensa una época entera: la del trabajo como herencia, la del hotel como casa.

“Mi madre, junto a mi padre, Enrico Gressani, construyeron el Nevada actual y luego vinimos nosotros. Éramos cuatro hermanos. Uno falleció joven, Claudio, y hoy seguimos tres, manteniendo viva una historia que empezó en 1952 y que siempre se fue adaptando a las necesidades del mercado. Buscamos mantener la identidad, pero también mejorar. Aspiramos a que el huésped tenga una experiencia de confort y bienestar, y lo mismo para nuestros colaboradores”, sigue contando Adriana Gressani.  

A todos, criarse dentro de un hotel les enseñó el oficio y les dio una historia. Venir al hotel siempre era una aventura.”Hoy entendemos que se necesita profesionalismo, además de la experiencia. Somos una empresa de dos hoteles con nombre, historia y fuerte presencia en el mercado turístico. No inventamos nada, lo heredamos”, termina contando la empresaria. 

Hoy por hoy Bariloche es un destino muy elegido, la nieve y los lagos siguen siendo el gran imán, pero ya no alcanza por sí sola. Hay que ofrecer más, mejor y distinto. En ese escenario, el Hotel Nevada volvió a abrir sus puertas, no como una reliquia, sino como un jugador que quiere seguir en la cancha. “Afuera, cuando finalmente llegue el invierno, Bariloche va a volver a cubrirse de blanco. Adentro, el Nevada ya empezó a nevar hace rato”.



Dejar su comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Esta altura div necesaria para habilitar la sticky sidebar