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Flybondi atraviesa su mayor crisis: entre deudas y flota mínima

La pionera de las low-cost en el país atraviesa el momento más delicado desde el inicio de sus operaciones.

El contraste entre el plan de largo plazo que presentó la compañía hace no tanto y la situación actual es uno de los puntos centrales de la crisis. En diciembre de 2025, la compañía anunció oficialmente una inversión de US$ 1.700 millones para incorporar 35 aeronaves nuevas de Airbus y Boeing, con entregas previstas desde 2027 y un cronograma progresivo hasta 2030. En ese comunicado, Flybondi informaba que contaba con una flota de 15 aviones y una participación del 16 % en el mercado doméstico a octubre de 2025.

Sin embargo, la actualidad muestra una realidad completamente distinta con un deterioro significativo. Según datos sectoriales, la compañía habría llegado a operar en las últimas semanas con uno a tres aviones solamente, muy por debajo de su capacidad declarada. La reducción de flota se vincula con aeronaves fuera de servicio, compromisos de mantenimiento y deudas en contratos de leasing, en un contexto de presión financiera creciente. La menor disponibilidad de aviones derivó en cancelaciones y reprogramaciones masivas, con miles de vuelos afectados durante el último año y un fuerte deterioro en la confianza de los pasajeros. En paralelo, Flybondi perdió peso en el mercado doméstico frente a sus competidores, en un segmento donde la previsibilidad operativa resulta clave para sostener la demanda.

El frente laboral también se convirtió en un factor de tensión. Cientos de extrabajadores denunciaron públicamente que aún no cobraron indemnizaciones y retiros voluntarios acordados meses atrás, algunos de ellos formalizados ante escribano público. “No pedimos favores. Exigimos el cumplimiento de los acuerdos firmados, el pago de las sumas adeudadas y una respuesta clara sobre cuándo se regularizará esta situación”, señalaron en un comunicado difundido ayer.

A esa situación se suman suspensiones rotativas para parte del personal activo, acordadas en el marco de un esquema que busca reducir costos y sostener una operación mínima. De acuerdo con la información aportada por trabajadores, la compañía reconoció en documentos internos un desequilibrio económico-financiero, asociado al incremento de costos dolarizados, especialmente combustible, y a mayores presiones operativas.

La crisis también tiene un componente judicial y regulatorio. La empresa enfrenta reclamos económicos de proveedores, demandas vinculadas con pagos pendientes y denuncias relacionadas con cancelaciones de vuelos. En este contexto, el futuro de la aerolínea aparece condicionado por tres variables principales: la recuperación de aeronaves, la normalización financiera y la reconstrucción de la confianza. La primera resulta urgente para estabilizar la programación; la segunda, indispensable para cumplir compromisos con proveedores, empleados y exempleados; y la tercera, clave para retener pasajeros en un mercado competitivo.

Entre los escenarios posibles aparece una reestructuración con achicamiento, orientada a sostener una operación más limitada mientras se intenta recomponer flota y caja. También circulan especulaciones sectoriales sobre una eventual reconversión parcial hacia negocios de carga o logística, aunque no hay una confirmación oficial de la empresa sobre un cambio de modelo. El escenario más crítico sería una interrupción más profunda de la operación si no se resuelven las restricciones financieras y regulatorias.

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