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Tensiones sobre los salarios

Un informe de IARAF muestra cómo afectó la carga tributaria sobre los asalariados formales entre 2019 y 2026. ¿Cómo recae esto sobre hotelería y gastronomía?

La competitividad del turismo argentino suele analizarse a partir del tipo de cambio, las tarifas aéreas, el costo de los hoteles o la presión impositiva sobre las empresas. Sin embargo, hay otro componente menos visible que atraviesa de lleno a la actividad. Es la diferencia entre lo que el estado punciona sobre lo que una empresa paga a un trabajador y el ingreso que finalmente queda disponible para ese mismo asalariado. 

Un reciente informe del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF) vuelve a poner ese problema en discusión. El estudio analizó cuatro niveles de remuneración de trabajadores formales y encontró que la carga tributaria total se mantiene cercana al 50 % en todos ellos. El caso de menor ingreso considerado, con un salario bruto mensual de AR$ 2.058.400, soporta en 2026 una carga tributaria del 49,2 %. En el extremo superior, para un salario bruto de AR$ 9.428.800, la incidencia llega al 49,9 %. Los dos niveles intermedios presentan cargas del 47,2 % y 47,7 %. La principal diferencia aparece cuando se compara la evolución desde 2019. Para el nivel salarial más bajo, la carga aumentó 0,39 puntos porcentuales. En cambio, descendió 2,97 puntos en el segundo caso, 7,54 en el tercero y 7,78 puntos en el de mayores ingresos. Nadín Argañaraz, presidente de IARAF, resumió el fenómeno señalando que la carga tributaria cayó para los tres salarios más altos y aumentó levemente para el menor, una evolución que introduce un componente de mayor regresividad.

Qué tiene que ver esto con el turismo

El informe de IARAF no estudia específicamente a los trabajadores turísticos y, por lo tanto, sus porcentajes no pueden trasladarse específicamente a los asalariados del sector. Pero el diagnóstico es especialmente relevante para la hotelería y la gastronomía porque se trata de actividades con una gran cantidad de empleo registrado. Fehgra representa a más de 84.000 establecimientos en todo el país (alrededor de 17.000 hoteleros y 67.000 gastronómicos), una estructura empresarial en la que el trabajo humano continúa siendo central para la prestación del servicio.

A diferencia de otras ramas productivas, buena parte de la experiencia turística resulta difícil de automatizar completamente. Recepcionistas, camareros, cocineros, personal de limpieza, mantenimiento, guías, conductores y trabajadores de atención al cliente participan directamente de aquello por lo que finalmente paga el visitante. Eso convierte al empleo en una variable de competitividad.

El costo empresario no siempre se traduce en salario. Uno de los puntos más interesantes del trabajo de IARAF es que su cálculo no se limita a los impuestos que el empleado observa en su recibo de sueldo. También incorpora contribuciones patronales, impuestos al consumo y tributos provinciales y municipales. Según el instituto, parte del deterioro relativo observado para el trabajador de menor ingreso se relaciona justamente con las contribuciones patronales, cuya incidencia aumentó alrededor de dos puntos porcentuales respecto de 2019. Esta cuestión permite entender una de las tensiones habituales del turismo. Una empresa puede enfrentar un costo laboral elevado sin que eso necesariamente signifique que el trabajador perciba un salario igualmente alto.

Para hoteles y restaurantes, que son en su gran mayoría pymes, esa diferencia puede condicionar contrataciones, inversiones y capacidad de mejorar remuneraciones. Para el trabajador, en cambio, afecta el ingreso disponible y el poder adquisitivo.

La negociación salarial en la actividad continúa siendo un tema permanente. Durante 2026, Fehgra mantuvo actualizada la paritaria 2025/2026 del convenio hotelero-gastronómico, dentro de un sector que debe conciliar actualización de ingresos con sostenibilidad de las empresas.

Competitividad no es solamente bajar precios

El debate tiene además una relación directa con la estrategia turística argentina. Si el país pretende competir internacionalmente únicamente a partir de precios bajos, la presión termina inevitablemente llegando a alguna parte de la cadena: márgenes empresarios, salarios, inversiones o calidad del servicio. En cambio, una estrategia basada en valor agregado requiere trabajadores capacitados, estabilidad laboral y capacidad para ofrecer niveles de atención que justifiquen tarifas más altas. Esa ecuación es especialmente importante en hotelería y gastronomía, donde la experiencia del visitante depende en buena medida de la interacción con el personal. 

El desafío pasa entonces por lograr simultáneamente tres objetivos: que el trabajador tenga un mejor ingreso de bolsillo, que la empresa pueda sostener ese empleo y que el servicio siga siendo competitivo frente a otros destinos.

La discusión tampoco se limita a salarios. La hotelería y la gastronomía vienen señalando desde hace tiempo dificultades para encontrar determinados perfiles y la necesidad de profundizar la formación profesional. La tecnología puede mejorar la productividad, automatizar procesos administrativos y reducir tareas repetitivas. Pero su incorporación no elimina el componente humano del negocio. De hecho, cuanto más aspira un destino a posicionarse en segmentos premium, gastronómicos, MICE o de experiencias, mayor importancia adquiere la calidad del capital humano. Por eso, la estructura tributaria sobre el trabajo deja de ser exclusivamente un tema fiscal y pasa a formar parte de la discusión turística.

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