Una gigantesca franja de sargazo cruza el Atlántico
El denominado Gran Cinturón de Sargazos del Atlántico alcanzó dimensiones récord y ya se extiende desde África occidental hasta el golfo de México.
Una enorme masa de algas marrones se extiende actualmente a lo largo del Atlántico y vuelve a encender las alertas entre científicos y comunidades costeras. Se trata del Gran Cinturón de Sargazos del Atlántico, una acumulación de algas flotantes que comenzó a observarse de manera masiva en 2011 y que desde entonces no dejó de expandirse. En mayo de 2026, las mediciones satelitales detectaron alrededor de 37,5 millones de toneladas de sargazo pelágico, formando una franja continua desde las costas de África occidental hasta el golfo de México. Un año antes, la extensión había alcanzado un récord de 8.850 kilómetros.
El fenómeno fue analizado en un estudio publicado en la revista Harmful Algae por investigadores del Harbor Branch Oceanographic Institute de la Florida Atlantic University. El trabajo reúne cuatro décadas de datos satelitales, mediciones de campo y análisis químicos y muestra un aumento sostenido de la biomasa y del área ocupada por estas algas. Los científicos vinculan buena parte de la expansión con una mayor disponibilidad de nitrógeno y fósforo. En condiciones favorables, la biomasa del sargazo puede duplicarse en apenas once días. Entre 1980 y 2020, la concentración de nitrógeno en sus tejidos aumentó un 55 %, mientras que la relación entre nitrógeno y fósforo creció un 50 %. Parte de esos nutrientes proviene de procesos oceánicos naturales, pero sobre todo de fuentes terrestres. Se trata principalmente de fertilizantes agrícolas, aguas residuales y deposición atmosférica provenientes de Brasil. El río Amazonas y su cuenca aparece como uno de los principales aportantes, ya que durante períodos de crecida descarga importantes cantidades de nutrientes en el Atlántico.
Los grandes sistemas de corrientes marinas, entre ellos el Loop Current y el Gulf Stream, terminan transportando estas masas hacia el Caribe y el golfo de México.
De refugio ecológico a problema costero
El sargazo cumple una función ecológica importante en mar abierto: ofrece refugio y alimento para numerosas especies de peces, invertebrados y tortugas marinas. El problema aparece cuando las acumulaciones llegan en cantidades masivas a las costas. Al descomponerse, las algas liberan sulfuro de hidrógeno, deterioran la calidad del aire, afectan playas, dañan arrecifes coralinos y pueden generar zonas con bajos niveles de oxígeno.
Para los destinos turísticos del Caribe, el fenómeno representa además un costo creciente. La retirada permanente de algas exige importantes recursos, mientras los grandes arribazones pueden afectar el uso recreativo de las playas y alterar la experiencia del visitante. La descomposición de las algas produce también metano y otros gases de efecto invernadero, abriendo nuevas preguntas sobre su posible influencia en el ciclo del carbono.
Los investigadores consideran necesario mejorar los sistemas de monitoreo y pronóstico para anticipar dónde y cuándo se producirán las mayores acumulaciones, especialmente en regiones costeras dependientes del turismo. También señalan la necesidad de reducir los aportes excesivos de nutrientes desde tierra. La preocupación es que la eutrofización (el enriquecimiento de los ecosistemas con nitrógeno y fósforo) deje de ser un problema localizado en costas o estuarios y termine modificando áreas mucho más amplias del océano.
La expansión del sargazo no significa que todo el Atlántico vaya a quedar cubierto permanentemente por algas ni que todos los destinos caribeños sufran el mismo impacto cada temporada. Su distribución depende de corrientes, vientos, temperatura, precipitaciones y nutrientes. Sin embargo, el crecimiento registrado durante los últimos quince años confirma que el fenómeno dejó de ser excepcional. Para científicos, autoridades ambientales y destinos turísticos, el desafío será ahora predecir mejor sus movimientos, reducir sus causas de origen terrestre y gestionar sus efectos antes de que las grandes acumulaciones alcancen las costas.