Una tasa de hasta 30 euros para los cruceristas en Barcelona
La van a pagar los pasajeros de los barcos que solo hacen escala y permanecen menos de 12 horas. Su monto se suma al impuesto turístico que ya aplica la región de Cataluña. La medida apunta a desalentar las escalas breves y favorecer la ciudad como puerto de inicio y finalización de itinerarios. El WTTC alertó que la suba podría afectar la competitividad y el gasto turístico.
Barcelona aplicará una tasa turística de 30 euros a los pasajeros de cruceros que realizan escalas breves en la ciudad. La Comisión de Economía y Hacienda del Ayuntamiento respaldó elevar el recargo municipal hasta los 24 euros por persona y día, el máximo previsto en la propuesta legislativa. Se suma a los 6 euros de la tasa turística de Cataluña que ya se aplica por día y por pasajero. La medida está dirigida a quienes visitan Barcelona durante menos de 12 horas y no tendría alcance sobre los viajeros que comienzan o finalizan su crucero en el puerto local, permaneciendo así más tiempo que durante una breve escala.
Las autoridades municipales sostienen que el objetivo es desincentivar las escalas de corta duración, que concentran grandes flujos de visitantes durante pocas horas. Se quiere favorecer el desarrollo de Barcelona como puerto base. Este último segmento genera estadías más extensas y un mayor consumo en alojamiento, gastronomía y otros servicios turísticos.
La modificación todavía deberá superar el proceso legislativo correspondiente antes de entrar en vigencia. La decisión suplanta el proyecto de esquema gradual planteado anteriormente, que contemplaba una suba progresiva del recargo durante los próximos años.
El Consejo Mundial de Viajes y Turismo expresó su preocupación por la iniciativa. Su presidenta, Gloria Guevara, advirtió que un aumento de esta magnitud podría colocar a Barcelona en una posición menos competitiva frente a otros puertos del Mediterráneo y afectar el gasto de los visitantes, las empresas locales y el empleo. El debate se genera mientras la ciudad analiza más herramientas para gestionar la presión turística y limitar el volumen anual de cruceristas. Barcelona recibe cerca de cuatro millones de pasajeros por año y es uno de los principales puertos de cruceros de Europa.