La basura espacial, una amenaza creciente para el tráfico aéreo mundial
Un estudio científico advierte que existe una probabilidad anual del 26 % de que restos de cohetes reingresen en zonas de tráfico aéreo intenso, lo que podría provocar cierres de rutas, desvíos y demoras en los vuelos internacionales.
El crecimiento de la actividad espacial está generando un nuevo desafío para la seguridad del transporte aéreo mundial. La acumulación de satélites fuera de servicio, fragmentos de cohetes y otros objetos que orbitan alrededor de la Tierra incrementa las posibilidades de que algunos de estos materiales reingresen en la atmósfera y afecten zonas utilizadas por la aviación comercial. Aunque la probabilidad de que un avión sea alcanzado directamente por un desecho espacial es muy baja o directamente casi nula, el principal riesgo inmediato es la interrupción de las operaciones aéreas, debido a los cierres preventivos de espacios aéreos y las modificaciones de rutas que deben implementar las autoridades ante posibles caídas de objetos.
El tema ocupó un lugar destacado en las discusiones internacionales sobre seguridad y gobernanza espacial realizadas en París el mes pasado, en un contexto de fuerte expansión de las constelaciones de satélites y los lanzamientos comerciales. Según las estimaciones emitidas por especialistas en vigilancia espacial, actualmente existen decenas de miles de objetos de gran tamaño en órbita terrestre, además de millones de fragmentos menores. La expansión de las constelaciones privadas, especialmente las destinadas a servicios de telecomunicaciones e internet satelital, está aumentando la cantidad de dispositivos que eventualmente deberán ser retirados de órbita.
El problema se presenta cuando estos objetos regresan a la atmósfera de manera no controlada. Aunque gran parte de sus componentes se desintegra por las elevadas temperaturas, algunos fragmentos pueden sobrevivir y alcanzar altitudes donde opera la aviación comercial. Una investigación de la Universidad de Columbia Británica, publicada en enero de 2025 en la revista científica Scientific Reports, estimó que existe una probabilidad anual del 26 % de que un cuerpo de cohete realice un reingreso no controlado a través de una región de tráfico aéreo intenso. El estudio identificó como zonas especialmente expuestas el noreste de Estados Unidos, el norte de Europa y algunas áreas de Asia-Pacífico.
Es importante destacar que esta probabilidad no corresponde a un impacto contra una aeronave, sino a la posibilidad de que se produzca un reingreso en espacios aéreos con una elevada concentración de vuelos.
Incidentes que ya afectaron a vuelos comerciales
Con la proliferación de los satélites, el riesgo dejó de ser exclusivamente teórico. En noviembre de 2022, el reingreso de restos de un cohete chino Long March 5B llevó a España y Francia a cerrar preventivamente sectores de su espacio aéreo. La decisión provocó demoras en 645 vuelos comerciales, con un retraso promedio de 29 minutos, además de desvíos y modificaciones en las operaciones de diferentes aerolíneas europeas. Más recientemente, los incidentes registrados durante pruebas de la nave Starship de SpaceX también tuvieron consecuencias sobre el tráfico aéreo del Caribe y de Florida. Estos antecedentes muestran que las actividades espaciales pueden afectar corredores aéreos comerciales incluso cuando los fragmentos no llegan a impactar ninguna aeronave.
Uno de los principales problemas para las autoridades aeronáuticas es la dificultad para determinar con precisión dónde y cuándo caerán los restos de objetos espaciales. Las incertidumbres sobre su trayectoria pueden obligar a restringir áreas extensas, afectando vuelos que finalmente no habrían estado expuestos a ningún peligro.
Esta situación plantea un equilibrio complejo entre garantizar la seguridad y evitar interrupciones innecesarias en una red de transporte que moviliza millones de pasajeros diariamente. Entre las soluciones propuestas por los especialistas se encuentran la realización de reingresos controlados hacia zonas oceánicas alejadas de las rutas comerciales, el fortalecimiento de la cooperación internacional y el desarrollo de herramientas capaces de delimitar con mayor precisión las áreas de riesgo. También se plantea la necesidad de mejorar el intercambio de información entre agencias espaciales y organismos responsables del control del tráfico aéreo.
Hasta el momento, los incidentes documentados no han provocado una catástrofe aérea atribuida al impacto de estos desechos. Sin embargo, el crecimiento de la actividad espacial obliga a incorporar este fenómeno a los escenarios de planificación y prevención de riesgos. Para las aerolíneas, las consecuencias potenciales incluyen mayores costos operativos, consumo adicional de combustible, retrasos, desvíos y dificultades para mantener la regularidad de sus servicios.